LA GUITARRA HOY
La guitarra eléctrica es muy accesible en términos tanto de coste como de aprendizaje.
Un principiante puede manejar unos pocos acordes después de una lección o dos, y a veces es todo lo que se necesita. Pete Townshend, uno de los guitarristas más influyentes de la historia, sólo se sabía cuatro acordes cuando empezó a tocar profesionalmente junto a Roger Daltrey, que era realmente el guitarrista del grupo luego conocido como The Who.
LA GUITARRA HOY
La guitarra eléctrica es muy accesible en términos tanto de coste como de aprendizaje.
Un principiante puede manejar unos pocos acordes después de una lección o dos, y a veces es todo lo que se necesita. Pete Townshend, uno de los guitarristas más influyentes de la historia, sólo se sabía cuatro acordes cuando empezó a tocar profesionalmente junto a Roger Daltrey, que era realmente el guitarrista del grupo luego conocido como The Who.
Curiosamente, no hay demasiadas mujeres que toquen la guitarra eléctrica. Bonnie Raitt, Sheryll Crow, Joan Jett o Jeniffer Batten son conocidas, pero se nos hace difícil llegar a citar diez o incluso a cinco guitarristas femeninas famosas y con talento.
La guitarra eléctrica es un ejemplo principal de la ley de consecuencias involuntarias. Al principio sólo quería ser oída, pero acabó por conquistar la música popular y de paso revolucionar la sociedad. La tecnología musical de la amplificación es ahora puntera, y desde que la mayor parte de la música que oímos es electrificada y es sintetizada, la música sin ella ha llegado a ser la excepción antes que la regla general.
Hoy, ocho décadas después de aparecer en escena, han surgido docenas de nuevas marcas, algunas de las cuales de muy alta calidad. Ocho décadas después, la guitarra eléctrica es tocada y disfrutada mundialmente y ha logrado la posición de icono como un símbolo de la cultura norteamericana, de la misma manera que la guitarra española es un icono de la cultura hispana. Sin embargo, el fenómeno de la globalización no le es ajeno, y en cuanlquier país de raíces hispanas la juventud prefiere usar la guitarra eléctrica como medio de expresión musical antes que los instrumentos autóctonos o tradicionales.
Se hace difícil imaginar que un tema en el que no se escuche una guitarra pueda ser un éxito comercial. Cierto es que en los años 80 la guitarra eléctrica entró en crisis, mientras la música tecno campaba por sus respetos y la proliferación de música electrónica, el uso de sintetizadores, etc., parecían acabar definitivamente con la hegemonía de la guitarra. Pero ni siquiera la era digital ha acabado con ella: nunca se construyeron y vendieron tantas guitarras eléctricas como hoy en día
Este fenómeno se debe en gran parte al abaratamiento de la guitarra eléctrica, que por desgracia es paralelo a la caída en los estándares de construcción. El bache generalizado se produjo en las dos marcas punteras (Fender y Gibson) durante la década de los 70, que como ya hemos dicho en otro lugar produjo incluso el cierre de la factoría Fender en USA y el traslado de la producción a Japón, mientras la empresa, con una nueva dirección, ponía en orden las cuentas. Otras marcas, como Gretsch, simplemente desaparecieron (hasta reanudarse hace relativamente poco tiempo su producción en lejano oriente).
A su vez, en todo esta tendencia, ya superada, tuvo muchísima importancia el nacimiento de grandes industrias, básicamente japonesas, dedicadas a plagiar directamente y sin miramientos, los modelos tradicionales (Cfr.Tokai ), lo que descolocó a las empresas norteamericanas, y no sólo de guitarras. En efecto, marcas como Maxon y después Ibanez y Boss revolucionaron el sector de los pedales de efecto, hasta acabar literalmente con la producción de los efectos presentes en todas aquellas obras maestras de los 60 y la aparición de reediciones.
No todo ha sido negativo en ese proceso. Gracias a la caída libre de las dos grandes, en los años 80 surgieron, aprovechando ese vacío, las llamadas guitarras de boutique. Luthieres como J. Schecter, T. Anderson, J. Suhr, K. Parker o el propio Paul Reed Smith intentaron con éxito revivir el espíritu de los modelos tradicionales, utilizar «lo mejor de los dos mundos», o lanzarse a la búsqueda de nuevos diseños, y hoy en día existen muchas alternativas a los modelos ya legendarios como la Stratocaster, la Telecaster, la Les Paul, etc.
Con el tiempo, aquellas empresas legendarias han vuelto a resurgir y marcas como Rickenbacker o Guild vuelven a estar presentes en las tiendas, si bien es cierto que bajo nuevos propietarios, agrupados en grandes familias o holdings de marcas bajo el auspicio de las grandes casas. A modo de ejemplo, la casa matriz Fender ha adquirido y es propietaria de marcas antológicas como Gretsch, Guild, Charvel o Jackson, del mismo modo que Gibson hiciera primero con Epiphone y luego con Valley Arts, por ejemplo.
EL FUTURO
¿Y hacia dónde vamos?.
Es difícil atreverse a profetizar, porque las herramientas utilizadas se crearon para otros fines, y las nuevas tecnología nos sorprenden día a día. La era digital nos ha traído la emulación de amplis y de los efectos antiguos. Cualquier preadolescente tiene en su mano, por lo que cuesta un regalo de navidad, infinitos sonidos legendarios y quizá lo básico se esté olvidando en aras de una falsa sensación de seguridad de que “todo se conoce”.
Ahora se han inventado las guitarras digitales, que incluso Gibson, siempre acusada de no perseverar en la investigación, ha adoptado para su línea de producción. Estas innovaciones colisionan con la carencia de creatividad musical, pues ya desde hace 30 años la industria discográfica acude al fenómeno “revival” como medio de mantener los niveles de beneficios. ¿Hemos dicho industria discográfica?. Hasta el disco está en vías de extinción. Mejor dejar aquí cualquier cábala, pues sólo pensar en la incertidumbre donde nos encontramos produce cierto desasosiego.
Lo cierto es que hay al menos dos líneas de producción, la que intenta revivir diseños y sonidos del pasado y la que intenta seguir indagando y creando nuevos modelos. Y entre medias, cada fabricante intenta seguir produciendo sus creaciones.
Como siempre, es el público quien tiene o tendrá la respuesta, pero hay que admitir que la libertad de decisión está muy condicionada con las campañas publicitarias y el marquetin de las grandes firmas. Así, es muy difícil vencer ciertas rutinas equivocadas basadas en el conocimiento proporcionado por los medios y por las propias fábricas. El fenómeno del “endorsement” y otras técnicas de marqueting consiguen que en el ranking de prestigio muchos puestos no se correspondan con la calidad real de la marca o del instrumento.